Pecados Capitales 2

Pecados capitales

 

Los pecados capitales son enumerados por:

 

Santo Tomás (I-II:84:4) como siete: vanagloria (orgullo), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira.

San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos.

El número siete fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos dela Edad Media.

 

Escritores anteriores enumeraban 8 pecados capitales:

 

San Cipriano (De mort., iv)

Cassian (De instit. cænob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis)

Columbanus (“Instr. de octo vitiis princip.” in “Bibl. max. vet. patr.”, XII, 23)

Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.)

El término “capital” no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”.

 

Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está inclinada. Es por eso muy importante para todo el que desee avanzar en la santidad aprender a detectar estas tendencias en su propio corazón y examinarse sobre estos pecados.

Los Siete Pecados Capitales

No hay en la Biblia referencia a los siete pecados capitales que todos, más o menos, conocemos desde niños:

  • Lujuria
  • Pereza
  • Gula
  • Ira
  • Envidia
  • Avaricia
  • Soberbia

Fue un monje, Evagrio Póntico, quien primero se refirió (375 ec) a los Ocho vicios que atormentan el alma, precursor de los actuales Siete pecados capitales.

Iniciaré el estudio de este apasionante tema recordando al citado monje, Evagrio Póntico, intentando ver en qué circunstancias estos vicios o pecados empezaron a florecer como tales.

Evagrio Póntico

Evagrio fue discípulo de los dos Macarios (Sócrates, Hist. eccl. 4,23); se le llama el Póntico porque nació en Ibora, en el Ponto. Fue ordenado de lector por Basilio Magno y de diácono por Gregorio Nacianceno. Acompañó a este último al concilio de Constantinopla (381), y, “como era hábil en las discusiones contra las herejías” (Hist. Laus. 38,2), se quedó con Nectario, patriarca de aquella ciudad, donde muy pronto “prosperó, pues hablaba con celo juvenil contra las herejías”. Cuando vio su alma amenazada por peligros y su virtud por tentaciones, abandonó la ciudad y marchó a Jerusalén, donde fue recibido por Melania la Anciana, matrona romana, y de allí poco después, hacia el año 382, a Egipto. Se desterró por dos años a las montañas de Nitria y entró luego en el desierto a vivir durante catorce años en Celia. Aquí fue donde conoció a los Macarios y “emuló su modo de vivir y sus manos obraban milagros tan numerosos e importantes como los de sus maestros,” como dice el historiador Sócrates (Hist. eccl. 4,23). Ganaba su sustento escribiendo, “pues escribía los caracteres Oxyrhynchus de forma excelente,” según Paladio (Hist. Laus. 38,10), que fue discípulo suyo. Cuando Teófilo de Alejandría quiso hacerle obispo, rehusó. Murió el año 399, a la edad de cincuenta y cuatro años.

Antirrhetikos

Sócrates (Hist. eccl. 4,23) dice que Evagrio compuso un libro que “contenía textos selectos de la Sagrada Escritura contra los espíritus tentadores, distribuidos en ocho partes según el número de temas, intitulado Antirrhetikos (Άντιρρητικός)” Evidentemente, Genadio se refiere al mismo libro cuando informa que Evagrio escribió una obra, “Sugerencias contra los ocho vicios capitales,” añadiendo que él “fue el primero en llamar la atención o al menos entre los primeros que conocieron estas sugerencias; compuso ocho libros tomando de los testimonios de las Sagradas Escrituras, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor, quien siempre resistió a su tentador con citas de la Escritura, de manera que cada una de las sugerencias, sean del diablo o de la naturaleza depravada, tuviere un testimonio en contra”. Por fortuna, el Antirrhetikos se ha salvado íntegramente en versiones siríaca y armenia.

Trata en ocho libros de los ocho espíritus malos que mantienen al monje bajo fuego constante: los demonios de la gula, adulterio, avaricia, desaliento, irritabilidad, fastidio de ser monje, pereza, arrogancia. De cada uno de estos vicios, el autor investiga las causas y las influencias diabólicas que están en juego, y concluye con una cita de la Biblia que hace al monje capaz de superar el ataque. De esta manera Evagrio se propone dar un vademécum útil para el monje que él llama “activo,” es decir, uno que todavía está luchando.

Es el primer testigo literario, de la doctrina de los ocho vicios precursora de la doctrina de los siete pecados capitales. Casiano, Nilo, Gregorio Magno, Juan Clímaco, Juan Damasceno y otros dieron gran importancia a esta doctrina.