Las siete cabezas de la hidra cristiana

Las siete cabezas de la hidra cristiana.  (2 de 3) 

La hidra cristiana es mucho más compleja en su lectura, tan solo tiene siete cabezas, pero la suma de este número es el mal absoluto. ¿Por qué? La respuesta es muy llamativa, en el catolicismo existen siete pecados denominados capitales que llevan al hombre directamente al infierno. Un número evidentemente curioso, pues prácticamente es imposible que un ser humano no peque de alguno de ellos, de hecho es fruto de santidad el conseguir no pecar de los siete, pues respondería a la perfección absoluta que puede alcanzar un ser humano. 

No pretendemos dar en estas breves líneas una lección de teología, pero para entender la forma de la hidra hay que tener en cuenta todas estas ideas. Siete son los pecados capitales, como siete son las virtudes que los curan y siete los generales de Dios por encima de los serafines que portan dicha virtud. 

Hay dos maneras de representar la hidra, la más normal es simplemente con siete cabezas de dragón, pero una iconografía más completa y didáctica lleva a que esas siete cabezas tomen forma de cada uno de los animales que representan dicho pecado capital.

Casi siempre la cabeza principal es la de un león, el rey de la selva, el más soberbio de los felinos y por tanto la grafía de la Soberbia. Que sea la cabeza central se debe a que es el principal de los pecados capitales, pues fue el que condenó a Lucifer por querer ser como Dios y no postrarse ante el hombre, mientras que Miguel por Humildad en nombre de Dios (“Quién como Dios: Quis ut Deus”) vencería al que había sido igual que él, los dos ángeles favoritos del ser supremo.

Junto a esta idea del león soberbio, hay que destacar un relato apócrifo que cuenta que el Niño Jesús fue adorado por una manada de leones; tan sólo con ocho años fue capaz de doblegar la soberbia de estas fieras. En este sentido ya en la hidra se demuestra que por muy poderoso que sea el poder del mal no tiene  fuerza alguna ante Dios; en este sentido las imágenes son verdaderos relatos didácticos en la época en que son pintados; ahora bien, resultan muy complejos de entender por el pueblo llano (en todo caso estas lecturas surtían efecto en el alto y formado clero).

Otro pecado esla Gula (vencido por la virtud de la Templanza) que en la hidra no puede tener mejor representación que la cabeza de un cerdo; se trata de un animal tragón y ansioso, incapaz de dominar sus placeres y deseos. Será la Historia Natural de Plinio la que afirme que las hembras muchas veces devoran a sus propias crías, costumbre explicada por Eliano y basada en la misma voracidad de este animal. La glotonería del cerdo es tan popular, que desde la mitología hasta las diferentes religiones tienen algo que decir de él. Por ejemplo, Homero en La Odisea cuenta cómo muchos de los compañeros de Ulises son convertidos en cerdos por la maga Circe. La intemperancia en diversas religiones japonesas lleva a que los hombres si se atreven a comer de los manjares preparados para los dioses en las abandonadas cenas sagradas  se conviertan en puercos. A todo esto podemos añadir que Ripa asocia también el cerdo a las representaciones de la Avidez, pues, mientras devora una bellota, mira la rama superior para no perder de vista otra; además, es un animal incapaz de parar de engullir mientras tenga comida. Es más, la tradición rural lo muestra como un animal muy peligroso que utilizando el descuido del hombre devora a los lactantes en su cuna.

La cabeza de la Ira tendrá forma de oso. Ripa lo añade en su propia descripción artística del vicio. Ciertamente, el oso es un animal muy traicionero y peligroso, pues puede atacar sin motivo a quien se cruce en su camino; además, ataca furiosamente a zarpazos. Es una fiera muy propia de la Edad Media, siendo presentado en las poblaciones por algunos saltimbanquis que lo habían conseguido domesticar; también se utilizaban en diversiones de nobles; por ejemplo, los soltaban en días festivos para cazarlos.

 El lirón es un animal identificado con la Pereza, puesto que, según Ripa recoge de Marcial, la mayor parte del tiempo está como perdido en lo profundo del sueño y privado de todo sentimiento y de toda actividad, manteniéndose siempre como en noche perpetua. También, según Ripa, suele acompañar a la representación de la Hora Octava, por ser ésta el  período en que los hombres aprecian el sueño más profundo, así mismo vuelve a aparecer en La Cuarta, parte de la Noche.

Curiosa es la cabeza de perro, representación de la Envidia. Plinio afirma que dicho animal, por su instinto, conoce una hierba que sana de la mordedura de serpiente, pero que tan sólo se proporciona a escondidas para no ser descubierto por los hombres. Además, el perro tiene un carácter parecido al adulador, pues halaga para pedir comida y después es posible que muerda a aquel que lo alimenta.

El siguiente pecado a tratar es la Avaricia,  Dante cuenta que el castigo que observó destinado para los avariciosos en el infierno es el de arrojarse piedras a la vez de lamentarse por atesorar riquezas, (lugar donde ya no les valen para nada), lo contrario a la Largueza con las monedas que reparte a la humanidad (representación más común de dicha virtud).

Dicho pecado de avaricia es identificado mediante el pavo real. Es un animal utilizado para el orgullo, pero que por su belleza se identifica con los ricos, con el glamour y por tanto con la avaricia. Recordemos que, según la mitología, en un principio el pavo real no tenía tanta belleza y se parecía más bien a un pavo normal, pero será la diosa del matrimonio Hera (Juno) quien, tras perder a su fiel servidor Argos, una vez que Mercurio le da muerte por espiar y vigilar las escapadas de Júpiter (representado por ejemplo por Velázquez), le adorne su cola con los cien ojos que pertenecían a Argos. De hecho, un pavo real muestra su riqueza cuando quiere, abriendo el abanico de su cola. Ciertamente, es un animal exótico para los ricos (la riqueza siempre se consigue por avaricia). Del mismo modo, es un ave chillona que entra dentro de los pedantes delirios de grandeza en los que caen los ricos.

También se considera al pavo como un ave empalagosa e insoportable. Por ello dirá Ripa que se pinta junto a la adolescencia por el “pavo” que tienen los hombres en esta etapa de su vida. Nosce te ipsum dirá Sócrates (“conócete a ti mismo”). Pero, el problema es que muchas veces nuestro amor propio no nos lo permite, por ello que la avaricia sea representada con un pavo, pues el amor propio en el fondo nos hace egocéntricos. También la arrogancia  toma a este animal como significado de la soberbia ignorante.

No sólo el pavo real es el animal que nos puede representar la avaricia, sino que existen otros dos. El décimo mandamiento dice: “No codiciarás los bienes ajenos,” alusión clara a dicho vicio, lo que permite que sea representado mediante animales que de por sí se consideran codiciosos. Uno es el sapo, pues se considera que es un animal tragón no por gula, sino por acaparar dentro de su cuerpo toda la comida que encuentre sin dejar nada a sus compañeros.

El último animal con que se representa dicho pecado será el lobo (que no el perro), que desde la antigüedad se ha considerado un animal de la noche, de la oscuridad, que no mata sólo por alimentarse, sino por el deseo de superioridad y de dar muerte a un rebaño entero si no es descubierto, por tanto demuestra la avaricia mediante su fuerza letal.

La cabeza de la Lujuria tendrá forma de cabra;  mucho podemos decir de este animal loco, utilizado por la tradición iconográfica para representar al demonio. Idea lógica ya que uno de los pecados más perseguidos y abominables en la Edad Media era el que faltaba al Sexto Mandamiento. De hecho, desde la antigüedad ha sido un animal asociado a seres mitológicos de cierta brutalidad, como puede ser el caso de Pan, o a seres eminentemente sexuales, como los sátiros, que de cintura para abajo tienen forma de cabra. Este animal lascivo, según la tradición, puede llegar a copular con mujeres (pensemos tan solo el lugar que Goya le reserva en sus pinturas negras).

Todo esto ha hecho que la cabra herede uno de los peores conceptos dentro del reino animal, hasta tal punto que también es identificada con la infidelidad matrimonial; dentro de la jerga española está completamente estandarizado que quien metafóricamente porta las mismas defensas que el macho cabrío ha sufrido esta terrible experiencia de deshonra, por lo que uno de los  peores insultos realizados en castellano alude al citado animal.

Biografía de Pablo J. Lorite Autor

Doctor en Iconografía por la Universidad de Jaén con una tesis de angelología denominada “Iconografía de San Miguel en la diócesis de Baeza-Jaén.” Licenciado con premio extraordinario de grado en Humanidades por la misma universidad. Experto universitario en gestión del patrimonio “rutas e itinerarios culturales” por la Universidad Internacional de Andalucía. Especialista en coros catedralicios e imaginería religiosa del siglo XX.

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